En términos simples, podemos decir que el asma bronquial es una enfermedad caracterizada por inflamación persistente de la vía aérea, lo que condiciona síntomas variados y con tendencia a la cronicidad. La obstrucción de los conductos que transportan el aire (bronquios) generada por ese mecanismo inflamatorio, nos llevará en algunos casos a la limitación de la función respiratoria y por lo tanto de nuestra actividad física.
Sobre todo en niños, debe entenderse al asma como una enfermedad de tipo alérgico, mediada por la sensibilización frente a elementos que se encuentran en el ambiente y que provocan una respuesta anormal de nuestro sistema inmune (de defensa). Por supuesto, la genética tiene mucho que ver en el desarrollo del asma, pero son necesarios también los estímulos ambientales para generarla.

En el asmático, la sensibilización alérgica se induce a partir de alergenos que se inhalan y que ocasionan una respuesta inflamatoria persistente y progresiva mediada por la producción de Inmunoglobulina E. Esto se evidencia en toda la vía aérea y tejido pulmonar.
Por eso es tan importante tratar el asma lo más tempranamente posible, porque mientras más rápido se haga el diagnóstico de la enfermedad y se comience el tratamiento adecuado, mejor será el resultado a largo plazo y tendremos una mejor calidad de vida en el futuro.
Piense Usted en que el 80% de los asmáticos ya ha tenido síntomas antes de los 4 años de edad y sin embargo en mucho de esos casos el tratamiento es diferido por tiempo variable.
La prevalencia del asma bronquial (es decir, el número total de asmáticos en la población), ha aumentado asombrosamente en los últimos veinte años por causas que aún no están del todo definidas. Parecería ser que los cambios en las condiciones de vida, la exposición mayor a alergenos e irritantes respiratorios y la disminución de infecciones en períodos tempranos de la vida tienen que ver con ese incremento.
Además, la mortalidad por esta afección también ha aumentado, lo que convierte a este mal en un verdadero problema de salud pública. Probablemente, el diagnóstico tardío y un tratamiento mal diseñado sean parte de las causas de muchas de las muertes por asma.
Es que a veces, a los padres nos cuesta aceptar que un hijo nuestro tenga una enfermedad crónica e incluso a muchos médicos nos da temor emplear el término “asma” para definir la condición de un paciente. Pero eso es un grave error, porque tener asma no significa ser inválido y cualquier asmático puede llevar una vida completamente normal y sin limitaciones.
Negar la enfermedad usando términos como “principio de asma”, “bronquitis asmatiforme”, “tos alérgica” u otros similares, lo único que hace es retardar un diagnóstico oportuno y diferir el tratamiento racional y adecuado, en perjuicio del afectado.
Sobre todo, porque muchas veces el asma no debuta con una crisis, sino con síntomas sutiles como tos persistente o alteraciones al hacer ejercicio (tos, cansancio extremo) o al reírse o al estar sometido a cambios de temperatura ambiental, por ejemplo. Interpretar esos cambios sin importancia aparente es nuestra labor como especialistas en Alergia.
Esos síntomas velados pueden ser como la punta del iceberg, que nos está diciendo que en la profundidad de nuestro aparato respiratorio la inflamación progresa sin ser vista y daña paulatinamente nuestros bronquios y pulmones, llevándonos en algunos casos a cambios no recuperables.
Los Alergólogos estamos en capacidad de actuar prontamente y adelantarnos en la medida de lo posible a los acontecimientos, tratando de asegurar una óptima calidad de vida y un buen desarrollo a la persona afectada, a través del diagnóstico precoz y del tratamiento dirigido a controlar los dos grandes problemas en el asma: la Inflamación y la Alergia.
El mecanismo inflamatorio se trata con medicinas llamadas preventivas, que, más que tratar síntomas presentes, van a evitar que estos aparezcan. Esto es lo ideal: No tener síntomas que tratar. Al momento, contamos con dos clases de fármacos que nos permiten hacer esto: los corticosteroides inhalados y los modificadores de leucotrienos.
Los corticosteroides inhalados se usan a través de aerosoles que se aspiran por la boca y son los más potentes antiinflamatorios de uso en el asma que se conocen. A veces, se asocian a broncodilatadores de acción prolongada, sobre todo, en el asma de más difícil control.
Los modificadores de leucotrienos (o antileucotrienos, para abreviar), se usan en forma de tabletas y están dirigidos a controlar los más potentes mediadores de la inflamación que se liberan en la respuesta alérgica (los llamados cisteinil-leucotrienos).
Cabe destacar que los medicamentos broncodilatadores de acción corta, sólo deben ser usados para manejar crisis agudas y no como tratamiento a largo plazo, error comúnmente cometido.
En cuanto al tratamiento de la alergia en sí, que es el origen del asma en la gran mayoría de pacientes, el único medio del que actualmente disponemos es la inmunoterapia específica o vacunas para alergia. La finalidad de esta es bloquear la respuesta inmunoalérgica y controlar la evolución en la raíz de la enfermedad.
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